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Quién nos iba a decir a los más vejetes, cuando empecemos a engancharnos a esto de los videojuegos, que un día tendríamos que plantearnos la, ahora tan de moda, reflexión sobre si es mejor comprar los juegos en formato físico o en formato digital o, más aún, que nos permitirían jugar mientras pagásemos una suscripción mensual como si de una televisión digital de pago cualquiera se tratase.

Pero era inimaginable porque, en aquel entonces, la cosa estaba bastante clara; tú ibas a tu salón recreativo favorito, te acercabas a un gran armatoste de dos metros de alto -evidentemente tangible- y echabas ahí tus moneditas las cuales ibas haciendo sonar alegremente en tu bolsillo mientras babeabas ante la imagen mental de una gran tarde de vicio y envidiando al encargado de aquel tinglado, pues pensabas que tenía el mejor trabajo del universo.

Por otro lado, si nos centramos en lo que eran consolas y ordenadores pasaba algo parecido. Tú eras poseedor de un aparatejo que tenía algún tipo de orificio de entrada para algo -véase cartucho, casete o disco- en el cual introducías otro chisme -también evidentemente tangible- que contenía tu preciado videojuego y que podía conseguirse en tiendas especializadas repletas de cientos de estos productos, cuyo encargado también atesoraba el segundo mejor trabajo del mundo.

Pero los tiempos han cambiado y ahora, sin embargo, el negocio de la descarga digital no sólo está en alza, sino que además está barriendo del mapa al viejo formato físico. Y es aquí donde muchos usuarios levantan la voz y recelan, pues piensan que lo que compran no es tangible, que realmente no les pertenece o que lo pueden perder como le pase algo al servidor que contiene los juegos. Posiblemente esta sea la discusión más popular, de posturas irreconciliables y, por otro lado, la más sana que encontramos en el mundo del videojuego y de la cual me gustaría comentaros mis impresiones.


El formato físico
Soy de aquellos que opinan que el formato físico tuvo su magia. Pero quiero hacer incapié en el "tuvo" pues, para mi gusto, este formato se ha echado totalmente a perder y no me extraña que pierda terreno frente al formato digital. Aunque para ser totalmente justos también hay que decir que realmente lo que ocurrió es que hubo una época en la que nos mal acostumbraron mucho en este sentido. Me explico.

En los años ochenta los videojuegos, tanto de consola como de ordenador, se vendían de forma muy similar a tal cual la veis hoy en día, en estuches de plástico con el juego, la caratula y algunas instrucciones en el reverso de ésta. En el caso de los juegos en casete era igual pero con los los estuches transparentes propios de aquellas cintas. No había más. Creo recordar que los juegos de la Nintendo NES sí que venían en cajas de cartón, pero tampoco traían nada aparte del cartucho y un soporte de corcho blanco para sujetarlo.

Sin embargo, durante los años noventa -en lo que a mí me gusta llamar "el gran amanecer del PC"- comenzaron a salir los considerados hoy en día títulos AAA, los cuales requerían ya de un equipo numeroso de personas para su desarrollo y, por tanto, se encareció bastante el precio de los videojuegos.
Pero esta subida de precios se compensó con un formato físico de ensueño, con juegos metidos en grandes cajas de cartón, manuales de proporciones quijotescas, mapas -ya fuese en plástico o tela- y accesorios diversos que variaban según el título.

Este formato físico te daba totalmente la sensación de que habías pagado justamente por tu juego. Recuerdo ese olor al abrir las cajas, el aroma a nuevo que tenían aquellos inmensos manuales y esos dibujos o mapas que no sabías muy bien si enmarcarlos o guardarlos cuidadosamente bajo llave para no tocarlos y no estropearlos. Cada juego era un pequeño cofre del tesoro que encontrar y conservar. Prácticamente nos vendían como juegos mondos y lirondos lo que hoy en día nos venden como ediciones de coleccionista.
juegos fisicosA pesar de esta época digamos "gloriosa" en lo que a formato físico se refiere -que como os digo no fue tampoco lo normal- lo cierto es que también existe un inconveniente y es que, aunque creamos que el juego es nuestro y nos pertenece, acaba irremediablemente teniendo fecha de caducidad.

Los usuarios de las viejas consolas con cartuchos pueden alargar la vida de sus juegos, ya que costará más que se estropeen y posiblemente puedan usarlos mientras su consola siga funcionando.
Sin embargo, los jugadores de ordenadores (ya sean los 8 bits o el PC) o de las llamadas consolas de 32 bits en adelante tenemos el problema del inexorable paso del tiempo por estos sistemas. Los viejos discos y cintas se acaban estropeando, los CDs y DvDs también se acaban rayando, por no hablar de que sus dispositivos de lectura acaban desapareciendo o que la gran mayoría de estos juegos ya no se pueden ejecutar directamente en los modernos sistemas operativos. Necesitan de un programa adicional para arrancarlos o bien que sus desarrolladoras los adapten, por ejemplo, a nuestros Windows de hoy en día.

Como consecuencia, muchos de los juegos de mi colección (como los que veis en la foto) ya no puedo usarlos. Algunos los perdí por fallos en los CDs originales (como fue mi caso con el Caballeros de la Antigua República o el Age of Conan). Y decidme, ¿como convenzo yo a esas desarrolladoras de que, en su día, compré física y legalmente su juego original, que se me ha estropeado (o ya no me funciona) y que me manden una copia actualizada del mismo?
Sinceramente, si no fuese por la era digital habría perdido todos estos juegos, los cuales he podido recuperar mediante descarga.

Eso no implica que recele del formato físico. Ver esos juegos -aunque ahora inservibles- en mi estantería me sigue transportando a la época en la cual los compré y me hace recordar los buenos momentos que pasé con ellos, ya fuese jugando o bien escudriñando de arriba a abajo sus manuales y guías entre sesión y sesión de juego para no perderme nada una vez retomase aquellas aventuras.


El formato digital

Supongo que la gran ventaja de este formato es la comodidad. Si bien antes -como os he comentado- los juegos físicos traían multitud de enseres y te hacían sentir que, de verdad, pagabas por un producto completo y pensado para el deleite del jugador, lo cierto es que también había que ir a buscarlos. Esto, como imaginaréis, significaba que había que vestirse, bajar a la calle, ir a tu tienda habitual de videojuegos y rezar para que estuviese el título que buscabas. Y da gracias porque ahora puedes encargarlo, ir a recogerlo en un par de días o bien te lo pueden enviar a tu casa en tiempo récord. Antaño me tenía que patear medio Madrid buscando el juego de marras. También podías encargárselo en España a la ya extinta Mailsoft pero, con suerte, te tardaba una semana en llegar el jueguecito.

No cabe duda que esa busca y captura del videojuego nos hacía, sin duda, apreciarlo mucho más. Pero es incuestionable que la comodidad que existe ahora es impagable. Te sientas frente a tu televisor o monitor, seleccionas el juego que quieres, introduces tu tarjeta de crédito y, si tu conexión es buena, en diez o quince minutos estás viciando como un perro. En muchos casos incluso tardan menos en descargarse los juegos que lo que tú tardas en vestirte. No quiero ni pensar la locura que será esto en el futuro cuando tengamos acceso a la famosa Li-Fi esa.

Algunos dirán que el formato digital incluso nos ofrece más portabilidad ya que podemos acceder a nuestros juegos y nuestra cuenta desde cualquier otro lugar. Bueno, a mí eso me parece algo relativo ya que, por mucho que podamos acceder a ellos desde otro PC, lo que el jugador suele hacer es llevarse el disco en donde tiene instalados los juegos precisamente para no tener que volverlos a descargar. Nada distinto a lo que haríamos si -en vez de bajarlos- los hubiéramos instalado desde un DvD, con la salvedad de que, sí, el poder acceder a nuestra cuenta desde otro PC es lo que nos permite hacer esto.
juegos digitales
Y no hablemos de los jugosos descuentos que podemos encontrarnos en este formato -un caramelo para cualquier jugador- gracias a que no se produce la intervención de terceros durante la venta y a que lo que realmente se nos ofrece es una licencia de uso. Ni más ni menos.
Eso y el poder acceder a ellos una y otra vez, sin miedo a que se nos escacharre el DvD así como saber que, aunque pase el tiempo, podrás seguir disfrutándolos ya que las plataformas digitales cuidan de que así sea.

Pero esta comodidad y accesibilidad tienen su precio. Y no me refiero al robo de cuentas, a la decisión por parte de alguien de que un día -sin saber por qué- tu licencia deje de ser válida o a la posibilidad de que nuestra plataforma digital favorita vaya a la quiebra y se lleve a la mierda con ella todos nuestros títulos, que también podría ocurrir.
Me refiero a la compra compulsiva por parte de muchos jugadores, la cual ya es bastante habitual que se dé y hace que algunos usuarios adquieran juegos y juegos sin control, productos que posiblemente nunca tendrán tiempo de disfrutar y lo único que puede acarrear esto es una malsana adicción y algún que otro altercado financiero. No, no es mi caso (aunque reconozco que algún juego que otro he comprado y aún sigue ahí muerto de asco), pero ya he leído bastantes estadísticas por la red que muestran este problema.

 
Mi conclusión
Pues la verdad es que es bastante sencilla si sopeso los pros y los contras de cada formato. Me quedo con los dos, pues creo que ambos pueden coexistir y, bien utilizados, nos darán la mejor experiencia posible.

Pienso que nunca podré prescindir del formato físico, sobre todo para aquellos juegos que sé me van a apasionar y que me gustaría que, nada más verlos en mi estantería, me hagan recordar los buenos momentos que pasé con ellos. Lo cierto es que, en muchas ocasiones, tendré que gastarme algo más de dinero en ediciones especiales o de coleccionista, pero es uno de los pocos vicios que tengo y, si sé de primeras que el juego me va a atrapar durante cientos de horas, creo que no me importa hacer ese desembolso. Por no hablar otra vez de ese legendario olor a nuevo que me embriagará nada más abrir la caja.

Pero para juegos que sé que -aunque voy a disfrutar- no soy tan fanático de ellos, me decanto por el formato digital tanto para ellos como para todos esos títulos antiguos que quiero recuperar. También lo uso (tirando siempre de ofertas y descuentos) con aquellos juegos que me apetece jugar y no tengo muy claro si de verdad me van a gustar o son de mi estilo. Si luego resulta que me sorprenden, me han parecido juegazos y creo que los voy a rejugar mucho, ¿qué mejor recompensa para los desarrolladores por su trabajo que volverlo a comprar pero en formato físico y por su precio original?
Y si no es así, pues tampoco habré gastado demasiado dinero y bienvenido sea el tiempo que me han tenido distraído.

Llamadme romántico de los videojuegos pero creo que, en el fondo, la mayoría de jugadores pensamos igual. Lo único que nos condiciona o nos diferencia puede ser el nivel monetario de cada cual o lo curados que estamos ya de espanto con la desarrolladora de turno y su afán de vendernos juegos rotos o incompletos para darles o no nuestro voto de confianza. Pero creo, sinceramente, que poder elegir es un derecho y que podamos hacerlo en cómo adquirir los videojuegos debería estar escrito como ley.

Eso no quita que piense que no vendría mal abaratar un poco el formato físico y que deberían volver a darnos tantas cosillas con los juegos como lo hacían en los años noventa, sobre todo hoy en día que es tan sencillo encargarlos sin tener que buscarlos.


El escaparate

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