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Cuando compramos un videojuego siempre nos va a entrar primero por los ojos. Esto es así, es algo que va directamente ligado a ellos y, aunque al final lo que realmente nos gusta es sobre todo que nos divierta, que tenga una buena historia, grandes personajes o que sea muy rejugable, lo cierto es que su aspecto visual suele ser, por norma general, muy importante. Es innegable que por ejemplo el Pong ha entretenido a familias enteras durante los años setenta y ochenta. Pero si lo ponemos al lado de un simulador actual de tenis es casi seguro que ya sólo por su impecable aspecto vayamos de cabeza a por este último. Luego a lo mejor es un coñazo porque tras siete horas eres incapaz de hacer un saque pero, de primeras, casi seguro que decidirías jugarlo antes que al pobre Pong.

Pero el motivo de esta reflexión no es entrar a debatir sobre si preferimos gráficos o contenido. Simplemente quiero explicar por qué creo que los juegos visualmente potentes tienen muchas posibilidades de ser rejugados más a menudo siempre y cuando, claro, nos ofrezcan lo que buscamos y no sean una auténtica cagada. Para eso quiero explicaros a lo que me refiero con visualmente potentes.

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Pensemos en un algún juego con gráficos increíbles: The Witcher III, alguno de los Assassin’s Creed, Metar Gear Solid V… No sé, el que se os ocurra. Estos juegos tienen gráficos muy realistas y son lo último visualmente. Vamos, que da gusto verlos. Pero independientemente de si son buenos o no, para mí tienen un “problema” (llamémoslo así) y es que intentan recrear tanto la realidad que más temprano que tarde van a quedarse obsoletos. Esto ya ha pasado antes y volverá a pasar. ¿Cuántos videojuegos hemos visto desfilar que en su día eran la hostia pero hoy los ves y dan yuyu? Mirad el Grand Theft Auto III por ejemplo. En su momento aquello fue el culmen de la realidad. Ahora da hasta miedo, a ver si va salir disparado un polígono de la pantalla y se te va a incrustar en el cerebro. O el Witcher II, que no hace tanto tiempo que apareció, era increíble y a día de hoy ya se empieza a ver antiguo. Y eso que mezclaba muy bien realidad con fantasía. Creo que ya sabéis a dónde quiero ir a parar.

Me diréis que si el juego es bueno poco os importan los gráficos mientras os entretenga y podáis rejugarlo una y otra vez. Y yo estoy totalmente de acuerdo pero, aún así, cuando se ha quedado desfasado gráficamente, nuestros ojos necesitarán un periodo de adaptación que, dependiendo del juego y del tiempo transcurrido, puede ser más o menos corto o bien puede conllevar prolongadas hemorragias oculares. Ese desfase gráfico puede en más de una ocasión hacer que dejemos de lado el videojuego porque claro, por mucho que nos gustase, ahora cuesta visualmente hacerse a él y es probable que no nos centremos de la misma forma.

Y es aquí cuando llegamos a lo que yo denomino videojuegos visualmente potentes, productos que, sin tener unos gráficos magníficos y a la última, están hechos para llamar la atención y perdurar mucho más en el tiempo, ya sea por su colorido, las formas de sus gráficos, su estilo, etc.

Esto no es nuevo. Ya en los años ochenta había juegos que visualmente se adelantaron a su tiempo y que a día de hoy los volveríamos a jugar sin que sus gráficos fuesen un impedimenteo. La ya mítica Abadía del crimen, sin ir más lejos. Pero si hay algún videojuego que puede explicar bien lo que digo, ese es el Sonic. Con el permiso del viejo Mario, hay que ver lo bien que se ha mantenido el bichejo este a lo largo de los años. También ha mejorado y evolucionado visualmente, claro, pero si incluso ahora desempolvamos la vieja Sega Megadrive (o usamos un emulador) y nos ponemos a jugar al Sonic the hedgehog, descubriremos que no tardaremos prácticamente nada en volver a estar metidos al cien por cien en el juego. A pesar de ser 2D y del evidente pixelado que ahora tanto se nota, sus características formas y esos colores tan exagerados convierten ese inexorable paso del tiempo en una ventaja. Es hipnótico el puñetero juego…

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También es cierto que los juegos de plataformas tienen mucha ventaja en todo esto. Están diseñados para realizar su función de una manera muy determinada y aquí los gráficos poco tienen que ver. Sin embargo, a día de hoy tenemos juegos como el Ori and the Blind Forest que es una auténtica obra de arte y que –creo que mucho tendría que equivocarme- dentro de diez años se seguirá viendo como la maravilla visual que es.

Hay otros géneros como las aventuras gráficas que juegan sus cartas basándose precisamente en eso, en buenas historias apoyadas por entornos gráficos especialmente vistosos. Prácticamente todas las viejas aventuras de Lucasarts tenían esa potencia visual que os comento. Los Monkey Island, el Loom o el Day of the Tentacle son clarísimos ejemplos. Y si volvemos al presente nos encontramos con títulos como la saga Deponia, The Night of the Rabbit, Randal’s Monday o Fran Bow que, sin duda alguna, hacen gala de ese aspecto visual del que os estoy hablando. Pero también es cierto que, al igual que las plataformas, la aventura gráfica es un género que se siente muy a gusto con las gráficos que suele tener y el jugador en general ya tiene muy asimilado (independientemente de si les gusta o no) que este género ha sido diseñado para contar historias con formas visuales muy diversas y a veces hasta extravagantes.

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Vayámonos ahora al rol por ejemplo, que hasta ahora lo hemos tenido muy fácil. Al occidental en concreto ya que el japonés sería un ejemplo demasiado obvio (aunque también tiene títulos para darlos de comer aparte). Pensaréis que también en este género sería fácil dar con la tecla de lo visual pero la realidad es que el rol suele tener problemas a la hora de crear estilos propios que no se queden obsoletos con el paso del tiempo. Fijaos en Morrowind, por ejemplo, un clásico del rol (posiblemente de lo mejor que se haya hecho nunca en rol) pero que al pobre da pena verlo. Ni siquiera en su tiempo llamaba demasiado la atención salvo por sus entornos. Aunque sus virtudes eran otras, claro. Pero la cuestión es que a estos juegos, maestros a priori en combinar realidad y fantasía, el paso del tiempo les suele afectar muy negativamente.

Sin embargo, llegados a este punto no me queda más remedio que hablar del maldito World of Warcraft que, a pesar de que aborrezco el juego, sería de necios no admitir que visualmente dio un golpe sobre la mesa cuando salió (aunque todo lo que es la saga Warcraft ya tenía muy marcada su estilo) y eso lo ha ayudado mucho a aguantar el paso de los años de forma tan estoica. Bioware, otra grande en esto del rol, uno de los defectos que tenía es que sus juegos soportaban visualmente bastante mal el paso del tiempo pero que, a partir de Dragon Age (que mezcla bastante bien realidad y fantasía y a día de hoy sigue aguantando el tipo), empezaron a encontrar ese punto gráfico que ayuda a mantener vivo un videojuego y que lo han ido perfeccionado con The Old Republic o el Dragon Age Inquisition. Eso sí, luego hay juegos como los de rol-acción conocidos como “hack and slash” que siempre suelen ser bastante agradecidos en este aspecto. Así de primeras me acuerdo por ejemplo de los dos Torchlight.

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Pero si hay unos grandes perdedores en esto de la potencia visual para mí son sin duda los shooters y los simuladores, ya sean deportivos, de conducción, de vuelo o de piedras. Es muy complicado que en este mercado aparezca un título que pasados unos años no nos haga gritar de horror tras volver a verlo. Pero claro, son videojuegos en los que el jugador lo que demanda es precisamente eso, la mayor realidad posible para sentir que es él o ella quien está en ese oscuro pasillo, conduciendo ese Ferrari o quien tiene a Cristiano Ronaldo bajo sus órdenes. Es cierto que no todos los shooters son realistas pero, por ejemplo, a mí me cuesta en principio imaginar uno basado en la Segunda Guerra Mundial (por si no hubiese ya pocos) con unos gráficos tipo cómic o más desenfadados. Y eso que en cuestión de deportes aún podemos encontrar títulos que visualmente son interesantes. Los de Nintendo son especialistas en esto con (me viene ahora a la cabeza el Mario Tennis) aunque, eso sí, sustituyendo simulación por arcade. Pero en juegos en primera persona es realmente complicado. El Borderlands y tal vez los Bioshock pero, salvo esos, casi todo suele ser una carrera sin fin para sacar los gráficos más realistas posibles en cada nuevo título.

Me dejo muchos géneros y títulos en el tintero. Las máquinas recreativas, por ejemplo, que eran auténticas maestras en este aspecto. Seguro que tenéis en mente algún otro título que encajaría aquí pero creo que ya habéis entendido lo que he querido decir con lo de los videojuegos visualmente potentes y por qué pienso que son éstos precisamente los que suelen marcar la diferencia y, en muchas ocasiones, los que han sido considerados como las joyas del sector. Porque aunque estoy de acuerdo en que los gráficos no lo son todo, si estos consiguen superar el paso de los años y mantienen intacta la atención sobre ellos, mejor que mejor.

El escaparate

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