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Empecé en el mundillo de los MMORPGs allá por 1997, en sus inicios con la aparición del Ultima Online. Ha llovido mucho desde entonces pero ha habido algo que he mantenido a lo largo de todos estos años y es que en mi presupuesto mensual siempre entraban trece euros destinados al pago de algún juego de rol multijugador online. Durante dieciocho años he pagado religiosamente la cuota de alguno de ellos. Hasta ahora…

Y diréis -bueno, es que ahora ya son casi todos Free to Play-. Y así es pero, no es por eso. Aún cuando este sistema se ha impuesto sobre las cuotas, yo he seguido pagando religiosamente estas últimas pues, aparte de que prácticamente me he “criado” con ellas en los juegos online, siempre he pensado que al final el dinero que gastas es mucho menor que el que gastarías pasando por la tienda a comprar cosas que realmente deberían estar en los juegos por ley, además de recibir una mejor atención al cliente. Todo esto naturalmente, puede ser discutible para algunos y tendremos la oportunidad de hacerlo más adelante. Pero la cuestión es que por primera vez en todos estos años no estoy jugando regularmente a ningún MMORPG y tengo la impresión de que el género, a pesar de la cantidad de títulos que tiene, no está pasando por su mejor momento. Intentemos analizar por qué.

Uno de los factores puede ser el estancamiento que han sufrido estos juegos. La aparición del World of Warcraft dio a conocer al mundo un producto que antes era más bien algo aislado y elitista para los pocos que podían permitirse unas cuotas mensuales y una conexión a internet no ya decente, sino constante.  Además acercó este estilo de videojuegos a un espectro mucho más amplio de jugadores, simplificando el rol hasta su punto más básico y dejando atrás esa enorme densidad y dedicación que necesitaban títulos anteriores. Un éxito que cegó al resto de compañías, las cuales pensaron que este sistema podía llevarse a cualquier otro título y lo único que se ha conseguido ha sido crear clones, a cada cual peor, del mismo juego. Y el jugador no es tonto, aunque ellos quieran pensar que lo somos.

Explicaré un poco más esto último: para mí hay cuatro pilares básicos en el mundo de los MMORPG: Ultima Online, Everquest, Dark Age of Camelot y EvE Online. Y lo son porque cada uno de ellos es diferente a los otros tres y tienen aspectos en los cuales fueron pioneros.  A partir de ahí, es lógico pensar que no haya más remedio que copiar algo de alguno de esos cuatro. Por eso el World of Warcraft –aunque me duela decirlo porque no es que adore precisamente este juego- sería el quinto pilar porque, aún copiando cosas de los cuatro básicos, creó un sistema más o menos propio y apareció en el momento justo. Y pienso que en vez de coger lo mejor de cada casa y crear sus universos particulares, las compañías lo que han hecho ha sido copiar el WoW y trasladarlo a sus universos. Esto, naturalmente, acaba cansando al jugador y haciéndolo volver al juego original. Tampoco han ayudado los fans ruidosos del World of Warcraft que pedían monturas voladoras en los foros de cada nuevo juego que salía…

El antes mencionado tema de las cuotas mensuales tampoco ha ayudado. Por un lado hay muchos jugadores que se niegan a pagarlas. Pero no es realmente porque les parezca abusivo pagar trece euros al mes. Ellos saben perfectamente que posiblemente gasten más comprando en la tienda de un juego. Lo que ocurre es que no todo el mundo puede entrar a diario a jugar o mantener un ritmo de juego constante y, pagar por no entrar a jugar durante un mes, pues les duele. Por otro lado, el negocio que ha supuesto el Free to Play es evidente. El jugador llega, compra lo que necesita y posiblemente al mes se vaya, habiendo dejado unos buenos ingresos en caja y sin molestar demasiado. Eso ha hecho que los jugadores de cuota como yo nos veamos totalmente olvidados, recibiendo muchas veces un trato similar al de un jugador más casual (o peor) y sintiendo que ahora mismo no hay ninguna diferencia entre pagar al mes o no hacerlo. Se ha perdido ese “sentido elitista” que antes comentaba y que nos ofrecían a los jugadores fieles. Ahora te dan una "new & exciting" mascota que puede seguirte en tus aventuras y no sirve para nada. De verdad que cada vez que leo a un desarrollador decir lo de “new & exciting” me echo a temblar.

Otro punto importante podría ser el modo multijugador que traen ya la mayoría los juegos. Gracias a él, ahora no hace falta que te pelees con otros jugadores por subir de nivel o por picar piedra en una mina. Puedes jugar tranquilamente a tu ritmo y cuando te apetezca te pones el modo online y haces lo mismo que harías en los MMORPG pero sin los inconvenientes de que no te dejen subir de nivel (por ejemplo) y, naturalmente, sin pagar una cuota. Esto ha hecho que juegos muy buenos que recuperaban en cierto modo el espíritu de aquellos cuatro pilares básicos, tales como The Secret World, Guild Wars 2 o Elder Scrolls Online no hayan tenido todo el éxito que cabría esperar, en cierto modo lastrados porque en su salida los juegos tradicionales ya contaban con estos sistemas multijugador. Y si este modo lo metes en títulos tan enormes como Grand Theft Auto V, pues apaga y vámonos. ¿Para qué queremos ya entonces a los MMORPG?

No veo por tanto muy claro el futuro de los viejos MMORPG. Ahora está muy de moda el Sandbox (aunque es un estilo de juego que yo conocí en 1990 con Ultima VI) y hay que reconocer que, en formato online, sólo hay uno de ese estilo que ha perdurado a lo largo de estos años y ha sido precisamente el padre de todo esto, el Ultima Online. Todos los demás han ido cayendo paulatinamente porque es realmente complicado mantener actualizadas, equilibradas y libres de fallos semejantes monstruosidades. Y como ya he comentado antes, el jugador parece un poco cansado de clones del World of Warcraft y de pagar por conseguir un mísero hueco en su inventario. Sinceramente, aunque entiendo que al final todo cambia y evoluciona, este es un género que me gustaría que hiciese precisamente eso, pues no me gustaría perderlo de esta forma ya que ha sido mi compañero de fatigas durante mucho tiempo y me ha permitido conocer a muy buena gente.

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