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Este verano decidí darme un respiro -aparte del trabajo- de todo lo referente a mantenimiento de webs, cruzadas anti-trolls en los foros, juegos online y, en definitiva, de todos esos pequeños menesteres de la red. Y como además esto de las conexiones a internet no suele llevarse bien con determinados parajes costeros, qué mejor momento para instalar uno de esos juegos que nos compramos en las rebajas de Steam. En mi caso fue el Civilization V.

La verdad es que hacía años que no jugaba a un juego de estrategia. De hecho, creo que precisamente al último que jugué fue al Civilization 2 y mira que ha llovido desde entonces... Recuerdo haber vivido una época dorada del género con pesos pesados como el Command & Conquer, Sim City 2000 o el mismo Civilization 2. Pero al final me acabé cansado porque, a mis ojos, todos eran iguales... Consigue recursos, dinero, crea muchas unidades y barre al enemigo.

Así que preveía algo tranquilo. Otro juego más de estrategia en donde no necesitaría pensar mucho y así podría pasar un par de tardes pero poco más. Supongo que la idea era, al menos, probar alguno de los juegos de mi biblioteca de Steam que aún tengo pendientes. Ingenuo de mí... Lo que me encontré fue un juego que me enganchó de tal modo durante tres semanas que incluso me despertaba en mitad de la noche para poder realizar un turno más.

El juego es bueno por sí solo pero hay que ser realista y decir que adquiere todo su potencial con sus dos expansiones, pues incluyen las religiones y el espionaje, algo a priori insignificante pero que abre muchas posibilidades al jugador. Y aunque empiezo a cansarme un poco de esta filosofía de moda por la que las compañías de videojuegos te venden partes fundamentales del producto como expansiones o DLCs, hay que reconocer que Civilization V -a pesar de que debería haber salido de inicio con ellos- en esta ocasión ha acertado pues para nada se trata de un contenido vacío.

Dicho esto, las posibilidades que te ofrece el juego son muchas. Y creo que por eso he tenido esta nueva etapa de renovación de la fe en la estrategia, porque Civilization V te permite ganar una partida incluso jugando con una sola ciudad y cuatro soldados mal pertrechados. La victoria puede ser por influencia cultural, científica, religiosa o política, aparte de la ya clásica militar. De esta forma, incluso una única ciudad centrada en construir maravillas o en generar personajes que fomenten el arte puede alzarse con la victoria.

Pero lo que más me ha atraído del juego ha sido todo el tema diplomático. Algo que a priori podría parecer un añadido banal para recrear un poco la historia pasa a ser un auténtico vicio como tu objetivo sea ganar la partida consiguiendo que te elijan presidente del mundo. Tendrás que conseguir toda la influencia posible para que te voten, comprar a algunos líderes ofreciéndoles dinero, tratados o recursos y, aún así, eso no te asegura que otro líder que aspire a presidir el mundo haga ofertas mejores que las tuyas. ¡Qué frustrante es ver el triunfo al alcance de la mano y ver de repente como una ciudad-estado aliada decide apoyar a tu competidor! Y a todo eso hay que unirle el anteriormente citado espionaje que, sin ser tampoco muy determinante, bien llevado puede ayudarnos a crear pequeños… incidentes… que puedan ayudarnos en nuestra tarea de dominar presidir el mundo.

La verdadera España

También mencioné antes que los DLC traen el sistema de religión. Esto también puede parecer un simple contenido sin más pretensión que añadir otro toque de realismo al juego pero, he de admitir que, al igual que ha pasado en el mundo real a lo largo de los siglos, yo he comenzado en el juego guerras por la religión. Dependiendo de si una civilización es más o menos religiosa, el juego te puede llegar a tocar mucho las narices enviado profetas y predicadores que mermen tu fe para imponerte la suya propia. En más de una ocasión he tenido que soltar algún que otro zambombazo a algún profeta, lo que me ha provocado algún que otro conflictillo…

El sistema de combate ha cambiado respecto a lo que yo recordaba en el sentido de que antes podías apilar a tus unidades en una misma casilla para así machacar al enemigo. Eso ya no es así. Ahora no podrán estar en un mismo sitio dos unidades militares, lo que hace mucho más interesante los enfrentamientos, teniendo que dar uso a los flancos y al terreno en el que estemos. Algo que tampoco es determinante al cien por cien pero sí es cierto que tener varios tipos de unidades bien distribuidas por la zona según su función puede ayudarnos a ganar batallas que podrían parecer perdidas. Además, las animaciones son una delicia y, aunque hablamos de un juego de estrategia en donde estas podrían sobrar perfectamente, lo cierto es que se disfrutan mucho y te meten más en el combate.

Como añadido, gracias a los DLC tendremos a nuestra disposición un montón de civilizaciones (eso sin contar las creadas por los usuarios), con lo cual es realmente sencillo que podáis recrear conflictos en el Mediterráneo, en América o en el mundo entero si os apetece. Y todo ello sin necesitar un PC de última generación aunque sí es cierto que si tenéis muchas civilizaciones activas, cada una a lo suyo, el procesador puede sufrir un poquito.

La nota negativa (una de las pocas que le puedo sacar a este juego, aparte de que debería de haber salido completo, con sus DLC ya incorporados por defecto) es el maldito, infame, horrible e ignominioso doblaje de Isabel la Católica. Cada líder mundial habla en su idioma natal y suenan bastante bien pero, por razones que desconozco, para la monarca española decidieron que la doblase la actriz más “sinsangre” que debió pasar por allí en aquel momento. Madre del amor hermoso, pero qué dolor auditivo… Habla poco la mujer pero cada vez lo hace muere un gatito en alguna parte del mundo. Por suerte como, ya he dicho, hay civilizaciones para aburrir y siempre puedes jugar con España o no incluirla en tus campañas para, de ese modo, conservar tus oídos intactos y de paso preservar la fauna felina del planeta.

No obstante, mi veredicto es claro: si quieres mantener intacta tu vida social, tu trabajo y tu higiene personal, no lo compres. El juego es absorbente como pocos y no podrás parar de jugar al menos las primeras dos semanas. Pero incluso el día que te canses del juego, es uno de esos productos que mejor no desinstalar pues, pasado el tiempo, es posible que te animes a jugar de nuevo y puede tenerte algún día o dos liado. Un turno más, siempre un turno más. Esa es la excusa que pondrás para seguir jugando y la cual te puede arruinar la vida…

Bromas aparte, es uno de los pocos títulos de estrategia que recomiendo sin dudar. Te hace pasar muy buenos ratos y se puede alargar muchísimo en el tiempo. Y a pesar de que hay que comprar los DLCs para disfrutarlo por completo, os aseguro que vais a amortizar lo pagado.



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