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Nuevas corrientes se dejaron ver en este año. Los PC (por aquel entonces llamados IBM y/o compatibles) empezaron a pegar fuerte gracias a los procesadores 20386. En esos años, empezamos a oír hablar sobre algo llamado tarjeta gráfica. En cuanto decías el nombre algún entendidillo te soltaba cosas como Hercules, CGA, EGA o algo más inquietante que aún no tenía sentido para nosotros: super VGA. Aunque por el momento sólo veíamos grandes máquinas de color blanco expuestas en los centros comerciales, con precios abusivos y en cuyos monitores se veían curiosos juegos de ajedrez en verde y marrón o bien azul y rosa.

Pero centrémonos de nuevo en los 8 bits. 1989 fue un año raro para la industria española pues, aunque sacamos mucho software, parecía como si las compañías quisieran hacerse la competencia mutuamente, sacando su propia respuesta a títulos anteriores o bien a lo que hacía poco había creado otra. El resultado fue que la calidad del software español bajó alarmantemente.

Como de costumbre, Dinamic fue la compañía patria que más juegos sacó pero todos ellos mostraron ciertos síntomas de cansancio. Títulos como Bestial Warrior, Comando Tracer, Cosmic Sheriff, Rescate Atlántida y Satán  lo certificaban. Eran simplemente más de lo mismo en un momento en el que los tiempos avanzaban a pasos agigantados. Lo intentaron también con la segunda parte de Freddy Hardest, es decir, Freddy Hardest in Manhattan South o nuestro héroe del cómic El Capitán Trueno (que dentro de lo que cabe tampoco era mal juego y, aunque podíamos controlar a tres personajes, sólo era más de lo mismo) y lograron salvar los muebles con After the war (los gráficos más grandes hasta la fecha), AMC Astro Marine Corps y la respuesta al Emilio Butragueño de Topo Soft del año anterior con su Michel Fútbol Master. Y para no liarse se dividieron en dos, Dinamic y AD, dedicándose esta última desarrolladora sólo a las aventuras conversacionales cuyos primeros títulos como la mencionada AD fueron La aventura original (basada en el juego original de Don Woods y Wilie Crowther de 1976 y otro grande entre los grandes en el género de la aventura conversacional) y El Jabato (sí, mucho cómic español pero a Mortadelo y Filemón nos los tuvimos que comer con empresas extranjeras).

Freddy Hardest 2
El Capitán Trueno
El Jabato

Pero si lo de Dinamic fue cuestionable, lo de Opera Soft no tuvo nombre. Lo que hicieron ese año fue para olvidar. Guillermo Tell, Sir Wood, Trigger y Ulises fueron fracasos más o menos sonados. Lo intentaron con Livingstone Supongo II, la secuela de uno de los mejores juegos de la historia y de su cosecha personal, pero no tuvo -ni por asomo- el éxito del primero. Sólo con Gonzalezz y Mot, el simpático personaje de los cómics de Azpiri, lograron salir de manera más o menos digna ese año.

Viendo lo visto, Topo Soft tuvo la inigualable oportunidad de coronarse como segunda e incluso como primera empresa española de Software española. Sin embargo, títulos como Score 30-20, Metrópolis, Tuareg o Ram no ayudaron en absoluto a ello. Y no quedó ahí la cosa. En su afán de crear un buen simulador deportivo perpetraron el Drazen Petrovic, un juego de baloncesto basado en el malogrado deportista con la novedad de que, en esta ocasión, la perspectiva era aérea. Les salió el tiro por la culata pues, como simulador (incluso como arcade), era malísimo. Por otro lado, su Viaje al centro de la tierra fue más o menos correcto pero jamás pasará a los anales de la historia. Lograron salir un poquito a flote con el Perico Delgado Maillot Amarillo (un más que aceptable simulador de ciclismo) y segundas partes como Desperado 2 y Mad Mix 2, aunque no tuvieron ni muchísimo menos el éxito de los predecesores. Ni su Emílio Butragueño II pudo arreglar la catástrofe.

Todos estos desastres comerciales ocurrieron porque los nuevos PCs ya empezaban a despuntar y las consolas de cuarta generación -con la Sega Megadrive a la cabeza justo en ese momento- se transformaron en las reinas indiscutibles del mercado gracias a sus buenos precios y una calidad infinitamente superior a la de los viejos ordenadores. Aparecen grandes compañías y los cuatro amiguetes que formaban las pequeñas empresas de 8 bits no podían competir ante los nuevos gigantes del software, de modo que tuvieron que reducir la calidad en un intento de sacar más juegos para ver si alguno podía tener tirón.

Livingstone supongo 2

mot

Drazen Petrovic

Y si esto pasaba en las grandes empresas españolas, imaginaos las más humildes como Zafiro y su Swootland, Zigurat con sus Emilio Sanchez Vicario (y dentro de lo que cabe diría que casi fue de lo mejor español que vimos ese año) y Curro Jiménez, Iber y Casanova (madre, para olvidar) o Delta con Drakkar, The Brick y Sideral War. Mención especial tiene Magic Hand, que debutaba con la peor aventura conversacional de todos los tiempos: Zipi y Zape. Aparte de innumerables errores -tanto de programación como ortográficos- la aventura carecía de gráficos en casi todas sus partes y los diálogos eran muy limitados, a años luz de lo que ofrecían los chicos de AD.

Zipi y Zape

Visto lo visto, los amantes del videojuego tuvimos que pedir asilo político a las compañías extranjeras y, aún así, no había mucho donde elegir. Este fue el año del inicio de la caída de la empresa de software más grande hasta ahora conocida. Ocean comenzó aquí su decadencia y sólo pudo sacar algún juego que otro destacable como Batman the movie (para aprovechar el tirón de la película de Tim Burton), Beach Volley, Ghosbusters 2 (empezaban a entreverse los momentos de desesperación), New Zealand Story y Rainbow Islands. Como veis, absolutamente nada en comparación con años anteriores. ¿A ver si va a resultar lo que dicen de que cualquier tiempo pasado fue mejor? Para Ocean, desde luego que sí.

batman

U.S. Gold, al igual que en España Topo Soft, tuvo la grandísima oportunidad de quitarle la corona a Ocean pero, aunque no lo consiguió, salió más o menos mejor parada con títulos como Black Tiger, Moonwalker (basado en la horrenda película de Michael Jackson), Strider y más “games”, en este caso Summer Games, Summer Games II y World Games (éste bastante curioso y adictivo, todo hay que decirlo). Pero tuvieron que acudir a las recreativas para salvarse con el éxito de Turbo Out Run.

Moonwalker

Y para no salirnos del guión, si las segundas partes en el año 88 fueron malas, en  1989 fueron catastróficas. Véanse Barbarian II, Double Dragon II, Mortadelo y Filemón 2, o Renegade 3 (la incluyo aquí, aún por ser tercera entrega, aunque no debería ni mencionarla). Sólo se salvan de las purificadoras llamas el Test Drive 2 (grandísimo simulador de coches) y el Ghouls & Ghosts, segunda parte del famosísimo Ghosts & Goblins.

Pero no todo fue malo. Hay un dicho que dice que cuando has tocado fondo sólo puedes subir hacia arriba. Y así ocurrió gracias a títulos como Altered Beast, Crazy Cars 2 (Titus hacía poco, pero siempre muy bueno), Tusker, Forgotten Worlds, Hard Drivin’ (basado en la recreativa original, uno de los primeros simuladores de conducción en 3d y además muy difícil), Gemini Wings o War in the Middle Earth, un juego de estrategia pobre gráficamente pero realmente adictivo y, sobre todo, complicado.

Y como colofón, la aparición del clásico Jack Nicklaus’ Golf y de una empresa que mandaría en el software en la época de los noventa. Me refiero a Lucasfim Games y su Indiana Jones and the last crusade, aunque este de acción, no la aventura gráfica que sacarían después.

Test Drive 2


War in the Middle Earth

Lo cierto es que 1989 no fue un buen año para estos pequeños ordenadores y, aunque al año siguiente aparicieron títulos prometedores y de más calidad, no nos quedó más remedio que admitir que estas adorables máquinas habían empezado su decandencia y tenían los días contados.                      

              

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